BUSTO DE FERMÍN SALVOCHEA, plaza Argüelles, CÁDIZ

BUSTO DE FERMÍN SALVOCHEA, plaza Argüelles, CÁDIZ


El busto en recuerdo de Fermín Salvochea y Álvarez (Cádiz, 01/03/1842 - 27/09/1907) fue realizado hacia 1930. Durante la dictadura franquista fue retirado, y se repuso en 1982 por el primer Ayuntamiento de la democracia, presidido por el alcalde D. Carlos Díaz Medina. Esta reposición debe contextualizarse en la recuperación de su memoria pública; en 1981 ya se había colocado una placa conmemorativa en su casa natal. El busto está ubicado en la plaza de Argüelles n.º 10, en el muro de la casa donde falleció Salvochea. Los avatares de esta obra son un ejemplo de cómo la escultura pública puede experimentar cambios de significado, de ubicación y de valoración como consecuencia de las transformaciones políticas de una ciudad.


La escultura es un busto, de piedra caliza, en alto relieve conmemorativo, concebido para ser adosado sobre una estela marmórea vertical con una inscripción, en versales, que identifica al personaje y su dignidad pública. Es obra de José Gargallo, quien lo firmó en la parte inferior izquierda.


El homenajeado, Fermín Salvochea, alcalde de Cádiz entre el 22 de marzo y el 4 de agosto de 1873, fue también presidente del comité administrativo del cantón de Cádiz durante el movimiento cantonalista (julio y agosto de 1873). Procedía de una acaudalada familia gaditana; sin embargo, renunció a su herencia y a las posesiones familiares para entregarlas a los más necesitados y decidió entonces llevar una vida humilde y cercana a la indigencia.

Retrato de Fermín Salvochea, óleo sobre lienzo, obra de Federico Godoy Castro. Alcaldía de Cádiz.


Mosaico cerámico la la ruta de Fermín Salvochea, en la fachada de la casa nº10, plaza de Arguelles.

La escultura presenta una composición vertical y simétrica. La parte superior contiene la inscripción epigráfica jerarquizada, mientras que la inferior sostiene el busto apoyado sobre un pequeño pedestal saliente. El pedestal trapezoidal contribuye, además, a elevar visualmente la figura y a otorgarle una cierta presencia monumental dentro de un espacio arquitectónico cotidiano.


Se trata de un busto concebido fundamentalmente para una contemplación frontal. El escultor representa al personaje desde aproximadamente la mitad del torso, incluyendo hombros, pecho y parte superior de los brazos.

La composición es cerrada, estable y monumental, a pesar de tratarse de una obra de dimensiones relativamente reducidas. El cuerpo aparece perfectamente frontal, mientras que la cabeza introduce una ligera variación que evita una excesiva rigidez.


A pesar de la marcada frontalidad, el rostro presenta una ligera inclinación y una expresividad austera: frente amplia, nariz prominente, bigote, barba y orejas relativamente grandes, todo ello enmarcado por unas gafas redondas talladas en el mismo material que acentúan el carácter intelectual del personaje y que constituyen uno de sus principales elementos identificativos.

El rostro es anguloso y relativamente austero, y el escultor evita cualquier idealización del mismo. Las arrugas de la frente, la barba, el bigote y los rasgos prominentes contribuyen a ofrecer una imagen de personalidad fuerte y austera.

La escultura no pretende únicamente reproducir una apariencia física; hay una voluntad evidente de construir una imagen psicológica mediante una representación realista con matices de sobriedad clásica y el trazo estructurado característico del vanguardismo moderado de Gargallo en sus retratos en piedra.

Cortorno y eje vertical de la escultura.

La textura de las superficies presenta acabados diferenciados: la piel y la barba muestran un labrado fino pero mate, mientras que las prendas de vestir (la chaqueta y las solapas) exhiben pliegues y líneas angulares bien definidas.


Uno de los rasgos más interesantes de la pieza es el contraste en el modelado: la barba y el bigote están resueltos mediante incisiones y pequeñas masas volumétricas, mientras que el cráneo presenta una superficie mucho más lisa. Esta diferenciación permite establecer un contraste entre las zonas de mayor detalle y aquellas deliberadamente simplificadas, como ocurre en el torso.


La representación del traje tiene también una función simbólica. El personaje aparece con chaqueta, camisa y corbata, elementos propios de la representación burguesa y pública masculina de su época. El amplio cuello de la chaqueta está tratado mediante superficies relativamente planas y angulares. El botón central, los pliegues y las solapas están apenas insinuados, sin buscar una reproducción minuciosa de los tejidos. Aquí se aprecia nuevamente la intención del escultor de diferenciar la precisión de la cabeza, fundamental para el reconocimiento, del tratamiento más sintético de la indumentaria, subordinada al rostro.

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