CARLOS CUARTERONI: DEL PUERTO DE CÁDIZ A LA LEYENDA DE BORNEO

 CARLOS CUARTERONI: DEL PUERTO DE CÁDIZ A LA LEYENDA DE BORNEO

Retrato de Carlos Cuarteroni. Grabado de Badillo. La Ilustración Española y Americana, nº XVIII, 15 de mayo de 1880. Foto tomada de (Gutiérrez López, 2000, p. 55).

Recordar a los prohombres gaditanos es una tarea necesaria; poner de manifiesto sus gestas y logros, algo imprescindible. El pasado 19 de septiembre se celebró en el Santuario de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de Cádiz, una eucaristía por el eterno descanso de D. Carlos Cuarteroni con motivo del 210.º aniversario de su nacimiento.

Para la elaboración de esta entrada, gran parte de la información y de las ilustraciones proceden del estudio de J. M. Gutiérrez López (2000), Cuarteroni: La realidad supera la fantasía, a quien agradezco sinceramente las facilidades brindadas y su aportación gráfica.

¿Sabías que la vida de este gaditano superó con creces las más trepidantes novelas de aventuras de Emilio Salgari? Hablamos de Carlos Cuarteroni Fernández (1816–1880): marino, cazatesoros, insigne cartógrafo, pionero en la defensa de los derechos humanos y primer prefecto apostólico de Labuán y Borneo. Un personaje extraordinario cuyo espíritu intrépido e inspirador merece ser rescatado del olvido.

Un hijo del puerto de Cádiz

Carlos Cuarteroni nació en Cádiz el 19 de septiembre de 1816. Su infancia estuvo ligada desde el primer momento al mar, pues desde muy pequeño ayudaba a su padre en el negocio familiar de aprovisionamiento de buques.

En 1829, la dura crisis económica que atravesaba Cádiz —y que motivó la declaración de la ciudad como Puerto Franco— obligó a muchos jóvenes a buscarse el futuro lejos de casa. El joven Carlos se embarcó hacia el Extremo Oriente, iniciando una carrera naval verdaderamente meteórica: con apenas 18 años ya capitaneaba un bergantín surcando las rutas entre España y Filipinas.

Carlos Cuarteroni con uniforme de oficial de Marina. Foto tomada  (Gutiérrez López, 2000, p. 48).

Años después, tras alcanzar un enorme prestigio como capitán al mando de buques como la fragata La Bella Vascongada, tomó una decisión imprevista: renunció a esa acomodada posición para emprender negocios propios en los mares del Sur de China, dedicándose inicialmente a la pesca de perlas y de tortugas de carey. Pero el destino le reservaba un reto mayor.

El rescate del Christian: una hazaña entre tifones y piratas

En 1842, el bergantín británico El Christian naufragó en los peligrosos atolones del mar del Sur de China, cerca de la isla de Palawan (Filipinas). En sus bodegas transportaba una inmensa fortuna en barras de plata, fruto del lucrativo comercio del opio entre Gran Bretaña y China.

Al enterarse de la noticia en Manila en 1843, Cuarteroni adquirió la goleta Mártires de Tonkín y, bajo el pretexto de pescar perlas, partió en búsqueda del pecio. Tras catorce agotadores meses de combate incesante contra tempestades, tifones y temibles piratas malayos, logró localizar el naufragio y rescatar el valioso cargamento argentífero.

Lejos de apropiarse de la fortuna o desviarla en su beneficio, Cuarteroni dio una lección inolvidable de honradez e integridad marítima: navegó hasta Hong Kong y entregó hasta el último lingote de plata a la compañía aseguradora Lloyd's. La recompensa legal que recibió como armador y capitán del buque rescatador lo convirtió de la noche a la mañana en un hombre multimillonario.

Un viraje hacia la fe y la libertad

Impactado por el sufrimiento de las miles de personas capturadas por la piratería y sometidas a esclavitud en los archipiélagos asiáticos, Cuarteroni decidió emplear su inmensa fortuna en una causa noble y trascendental.

Se integró como terciario en la Orden de los Trinitarios y en 1852 viajó a Roma para proponer a la Congregazione Propaganda Fide la creación de misiones eclesiales en aquellas remotas regiones. En 1854, el papa Pío IX lo ordenó sacerdote en la Ciudad Eterna (dispensándolo del voto de pobreza para que pudiese administrar su tesoro en favor de los desfavorecidos) y, al año siguiente, lo nombró Prefecto Apostólico con dignidad episcopal.

Cuarteroni costeó de su propio bolsillo la edificación de tres misiones en territorios de Malasia y el norte de Borneo: en Brunéi, Kota Kinabalu y Labuán. Construyó con ladrillo, piedra y teja —materiales traídos expresamente en barco desde Manila— iglesias y escuelas. Estas últimas estaban abiertas a niños de cualquier fe o etnia, promoviendo la convivencia sin obligar a la conversión.

Con sus propios buques —denominados por muchos los «barcos de la libertad»— patrulló incansablemente aquellas aguas para comprar la libertad de esclavos cristianos y musulmanes, socorrer a náufragos y trasladar misioneros. Se convirtió así en un auténtico abolicionista de la esclavitud y en un vanguardista defensor de los derechos humanos, adelantándose en un siglo a su declaración oficial.

Isla de Labuan. En la obra de Cuarteroni "Espiegazione...". Foto tomada de (Gutiérrez López, 2000, p. 52).

Junto a esta abnegada labor pastoral, destacó asimismo como un insigne geógrafo y cartógrafo, levantando mapas y cartas náuticas de una precisión asombrosa sobre regiones hasta entonces completamente desconocidas.

Su huella en el mapa urbano de Cádiz

Tras una vida volcada por entero en favor de los demás, enfermo, pobre y agotado, Cuarteroni regresó a su ciudad natal. Falleció el 12 de marzo de 1880 en la casa de su hermana.

Cádiz supo rendirle tributo: la corporación municipal acudió oficialmente a su entierro y le otorgó un nicho de honor. Hoy día, sus restos descansan con todos los honores en la cripta de la Catedral de Cádiz.

Lápida de los restos de Carlos Cuarteroni, en la cripta de la Catedral de Cádiz.

Si paseas por el centro histórico de la ciudad, puedes trasponer los pasos de su infancia y de sus últimos días:

Placa conmemorativa en la casa natal de Carlos Cuarteroni, Cádiz, 1881.

La casa donde nació y falleció don Carlos se ubicaba antiguamente en la histórica calle del Carbón (vinculada en la documentación antigua a la zona de la Aduana).  El edificio se sitúa hoy en la esquina de la calle Cristóbal Colón con el Paseo de Canalejas, muy cerca de la zona portuaria y del monumento a Blas de Lezo. En la fachada de dicho inmueble, el Ayuntamiento de Cádiz colocóen 1881 una lápida conmemorativa que recuerda que en ese lugar nació en 1816 y falleció en 1880 tan esforzado y venerable misionero.

El monumento a Cuarteroni en Borneo

Monumento a Carlos Cuarteroni, en isla de Labuán (Borneo), 2005

El reconocimiento a su gesta no solo pervive a orillas del Atlántico, sino también a miles de kilómetros, en las latitudes del Pacífico donde entregó sus mejores años.

Con motivo del 150.º aniversario de la fundación de la Diócesis de Kota Kinabalu, se erigió un monumento conmemorativo en la isla de Labuán (Borneo), financiado conjuntamente por el Ayuntamiento de Cádiz y el Obispado de Cádiz.

El monumento consta de un pedestal coronado por un busto en bronce de Monseñor Carlos Cuarteroni, inspirado en un conocido huecograbado publicado en 1880. La leyenda conmemorativa grabada en el pedestal está escrita en inglés —un detalle revelador que evidencia la pérdida paulatina de la huella española en la zona tras casi cuatro siglos, frente al peso del posterior dominio angloamericano—.

En recuerdo de un misionero visionario. Un incansable redentor de esclavos y un hombre muy valiente Monseñor Don Carlos Cuarterón. Primer prefecto Apostólico de la Prefectura de Labuán y Borneo. Nacido en Cádiz, España, el 19 de septiembre de 1816. Encontró un gran tesoro en el mar de la China en 1844. Fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1854 en Roma. Nombrado Prefecto Apostólico el 4 de septiembre de 1855. Llegó a Labuán el 14 de abril de 1857. Partió de Labuán el 30 de julio de 1879. Murió en Cádiz el 12 de marzo de 1880. Ahora sus restos descansan en la Catedral de Cádiz, España.

Sin embargo, el texto rinde un emotivo homenaje a sus raíces: en su inscripción se cita explícitamente tres veces a la ciudad de Cádiz y dos veces a España, perpetuando para la historia la memoria del gran héroe gaditano que cambió las riquezas del mar por la libertad de sus semejantes.

DOCUMENTACIÓN:

Ateneo de Cádiz. (2024, 22 de octubre). Ingreso nuevo ateneísta Gonzalo Crespo Grosso: “Carlos Cuarteroni Fernández, una vida contracorriente. https://ateneocadiz.es/ingreso-nuevo-ateneista-gonzalo-crespo-grosso-carlos-cuarteroni-fernandez-una-vida-contracorriente/

Gutiérrez López, J. M. (2000). Cuarteroni: La realidad supera la fantasía. Péndulo: Revista de Ingeniería y Humanidades, (34), 46–59.

Otero, J. M. (2022, 23 de abril). Historias de Cádiz: Cuarteroni; pescador de perlas y de almas. Diario de Cádiz. https://www.diariodecadiz.es/cadiz/Cuarteroni-pescador-perlas-almas-sacerdote_0_1677133172.html

Soto, F. (2020, 8 de agosto). Los últimos años de un personaje de aventura, Carlos Cuarteroni. CADIZ.3000 historias no contadas. https://ocultismocadiz3000.blogspot.com/2020/05/los-ultimos-anos-de-un-personaje-de.html

Copyright Manuel Holgado García, 2026.09.23

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