MONUMENTO A DIEGO FERNANDO MONTAÑÉS Y ÁLVAREZ, CÁDIZ
MONUMENTO A DIEGO FERNANDO MONTAÑÉS Y ÁLVAREZ, CÁDIZ
El monumento en homenaje a Diego Fernando
Montañés y Álvarez fue erigido en su primer emplazamiento el 3 de mayo de 1928 donde hoy se ubica la fuente de
las Tortugas. Posteriormente, la
escultura de Montañés pasó a un lateral de la Diputación Provincial y, hoy, está ubicada en el vértice de la plazoleta
de la citada fuente, orientada
hacia el puerto de Cádiz.
El Ayuntamiento de Cádiz —presidido por Agustín Blázquez y Paúl— decidió en 1926, cinco
décadas de su fallecimiento,
erigir este monumento en recuerdo del gran benefactor de la ciudad. Su nombre figura inscrito con
letras de oro en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cádiz, que ya el 13 de junio de 1884 acordó que la antigua calle
de las Descalzas pasase a llamarse calle Montañés.
Diego Fernando Montañés y Álvarez (Cádiz, 1794 –
Madrid, 1874) profesaba un profundo amor por su tierra natal, y dejó por escrito en su testamento el
«orgullo de ser gaditano». En 1818, su familia,
que en Cádiz se dedicaba al comercio,
se trasladó a Alcoy. Allí,
Diego Fernando, como hijo mayor, se puso al frente de una fábrica de tejidos
sin perder los vínculos comerciales con Cádiz. Hacia 1831, tras consolidar un
respetable capital, se estableció en Madrid. Allí multiplicó su fortuna a
través de actividades bancarias, crediticias, comerciales y mediante
inversiones en el sector del ferrocarril. En 1846, junto a José de Salamanca,
fundó el Banco Español de Cádiz (posteriormente Banco de Cádiz), instituciones
vinculadas al Banco de Isabel II con derecho a emitir billetes. Estos bancos
fueron precursores directos del Banco de España, entidad en la cual Montañés
poseía importantes intereses. Aprovechando la desamortización, adquirió numerosos terrenos de gran valor en
Madrid (en las calles Alcalá, el
paseo de Recoletos y el paseo
del Prado). En el paseo del Prado n.º
12, frente al Museo del Prado, construyó su propia casa-palacio. Siempre mantuvo una vida muy discreta y alejada de
la notoriedad. Rechazó de forma voluntaria participar en la política, a pesar
de que su enorme influencia económica le habría permitido ocupar cargos
públicos. Su fallecimiento inicialmente pasó
desapercibido en Cádiz.
A su muerte, en 1874, se descubrió que había
legado su inmensa fortuna a beneficio de Cádiz. Tras un largo período de pleitos burocráticos
dirigidos por su albaceazgo
(encabezada inicialmente por Joaquín Bremón y luego por el político Francisco
Silvela), desde 1879 el dinero se destinó a transformar las infraestructuras de
la ciudad:
Así,
se financiaron las obras para traer agua potable a Cádiz, lo que incluyó la
compra de la sociedad The Cádiz Water Works Limited y los manantiales
de la Piedad en El Puerto de Santa María en 1883.
Se realizaron obras portuarias: limpieza, dragado y reconstrucción del puerto de Cádiz
para permitir el atraque de barcos. También
se financiaron los almacenes del muelle
del Martillo (hoy Alfonso XIII) y el muelle
de Hierro de Puntales.
Colaboró sustancialmente en la creación del Monte
de Piedad y Caja de Ahorros de Cádiz. Asimismo, financió la creación de la «Caseta de salvamento de náufragos» y un bote de socorro en la Caleta, que fueron antecedentes del
salvamento marítimo moderno.
Dejó fondos para la creación de una granja modelo
de ganadería y un Colegio Naval Civil.
Indirectamente, su herencia sirvió para fundar el
Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Alcoy, así como las escuelas y asilos de
la Fundación Juan de Dios Montañés en Valencia, gestionada por su hermano
sacerdote.
Ya en junio de 1874, el ayuntamiento gaditano
había acordado erigirle un monumento que sirviera para recordar al generoso
benefactor, pensando en ubicarlo en el centro del parque que se iba a construir
en el solar del antiguo convento de los Descalzos (que luego sería la plaza de
Guerra Jiménez). Sin embargo,
tuvieron que pasar más de 50 años para
que ese acuerdo se hiciese realidad.
Se
encargó la obra al escultor Juan Cristóbal González Quesada (1891–1961), nacido en
Almería, uno de los artistas más
destacados del siglo XX en España y una figura clave en la renovación de la
escultura castellana. Formado entre Granada y Madrid gracias a una beca, su
carrera se desarrolló en un contexto de tensiones sociales y movimientos de
modernización artística.
Su estilo fusionaba un clasicismo depurado y estilizado con la modernidad, y se caracterizaba por
líneas fuertes, rotundas y meticulosas, que
dotaban a sus piezas de una gran fuerza expresiva, emotividad y carga
simbólica. Destacó de forma sobresaliente en el retrato capturando la psicología del personaje en obras como Manuel
de Falla (1927) o El hombre sin ojos (1917) y en los monumentos públicos
de gran envergadura, como el de Ángel Ganivet (1921) en Granada o
la cabeza de Goya en Madrid. También exploró el simbolismo mitológico en piezas
como La sibila Casandra (1931).
La relevancia de su legado se
consolidó mediante el éxito crítico y oficial. Obtuvo la segunda medalla en la
Exposición Nacional de Bellas Artes de 1917, y las máximas condecoraciones
(primera medalla) en las ediciones de 1922 y 1929. Su obra protagonizó
importantes muestras en la Biblioteca Nacional (1959) y una relevante
exposición antológica póstuma en la Alhambra (1984).
Su capacidad para combinar la
tradición clásica con la renovación vanguardista lo mantiene como un referente
imprescindible de la escultura moderna española, presente en colecciones de
todo el país.
El busto, que se apoya sobre un
plinto de piedra negra pulida de 5 cm
de alto, es de tipo prolongado y está
fundido en bronce (mide 71 cm de alto,
44 cm de ancho y 27 cm de fondo). La obra representa la cabeza, el
cuello, los hombros y la parte superior del torso y de los brazos.
El detalle más distintivo de la
composición es cómo el torso emerge de un frondoso ramaje de hojas de laurel
que lo envuelve por delante y por detrás. En la tradición clásica, el laurel
simboliza el triunfo, la distinción intelectual o el reconocimiento público,
integrando el elemento vegetal de manera orgánica con la vestimenta de la
época.
El rostro muestra una notable
fidelidad anatómica. El escultor ha capturado las facciones de un hombre maduro
con líneas de expresión muy marcadas: los surcos nasogenianos, las arrugas de
la frente y la mirada penetrante bajo unas cejas prominentes. La expresión
combina sobriedad, severidad e introspección
Hay una dignidad contenida que es
muy propia de los monumentos conmemorativos del siglo XIX y principios del XX, que busca inspirar respeto y
solemnidad en el viandante.
Se aprecia un contraste
texturizado muy rico. Mientras que la piel de la cara tiene un acabado
relativamente pulido que capta la luz de forma directa, el cabello (tratado en mechones poco profundos), las largas patillas, la chaqueta y
las hojas de la base presentan un modelado mucho más abocetado y rudo, donde se
intuye el trabajo del modelado original en arcilla antes de la fundición.
El uso del bronce permite un
nivel de detalle sutil (como los pliegues de la pajarita y las nervaduras de
las hojas) que sería más difícil
de lograr en piedra.
El busto descansa sobre un pedestal
de planta rectangular con los vértices ochavados (de 100 cm. de alto y 55 cm. x 42 cm.) de granito gris abujardado.
Su forma geométrica y limpia contrasta intencionadamente con las líneas
orgánicas y sinuosas del bronce.
La placa conmemorativa del mismo material —en este caso, pulido, (de 45 cm x 25 cm)— indica el
nombre del homenajeado con dos de sus méritos:
ser gaditano y benefactor de la ciudad.
DOCUMENTACIÓN:
Brigadier
Sánchez. (10 de octubre de 2011). Diego Fernando Montañés y Álvarez. Filántropo
gaditano. Pasión por Cádiz. https://estoespasionporcadiz.blogspot.com/2011/10/diego-fernandez-montanes-filantropo.html
Garófano, R. (2000). Recuerdo de Cádiz. Historia social de las tarjetas postales (1897-1925).
Quorum Libros.
MCN
Biografías. (s. f.). González Quesada, Juan Cristóbal (1891-1961). El
escultor español que renovó la escultura castellana. https://mcnbiografias.com/gonzalez-quesada-juan-cristobal
Me
encanta Cádiz. (5 de enero de 2012). Diego Fernández Montañés y Álvarez. Me
encanta Cádiz. https://mencantacadiz.blogspot.com/2012/01/diego-fernandez-montanes-y-alvarez.html
Otero,
J. M. (25 de febrero de 2024). Lluvia de millones sobre Cádiz. Diario de
Cádiz. https://www.diariodecadiz.es/cadiz/Lluvia-millones-Cadiz-Montanes_0_1878712461.html
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Manuel Holgado García, 2026.06.22
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