MONUMENTO A BLAS DE LEZO, CÁDIZ
MONUMENTO A BLAS DE LEZO, CÁDIZ
El monumento a Blas de Lezo y
Olabarrieta, que está emplazado
en el Paseo de Canalejas de Cádiz, fue inaugurado el 12 de marzo de 2014, en un acto presidido por la alcaldesa Doña Teófila Martínez, el almirante de
la Flota, Don Santiago Bolívar,
y el embajador de Colombia en España, Don
Fernando Carrillo.
Puede resultar sorprendente que,
en Cádiz, se homenajee a un marino ilustre nacido en Pasajes, que se enroló siendo adolescente, con 15
años, como guardiamarina en la Armada
francesa, tras un periodo formativo en un colegio parisino.
Blas de Lezo (1687-1741), quien es conocido como «Mediohombre» tras perder una pierna a la
altura de la rodilla, la movilidad de un brazo y un ojo en combate, destacó por
su intrepidez desde la Guerra de Sucesión, en especial en la batalla de Vélez-Málaga y el asedio a Barcelona.
Su mayor aportación a la historia
militar española ocurrió durante la Guerra de la Oreja de Jenkins, cuando lideró la defensa de Cartagena de Indias —la ciudad más importante entonces, de
la costa atlántica de la América
hispana— frente al almirante
británico Edward Vernon en 1741. Con apenas seis barcos y 3.000 hombres frente
a la colosal flota de 186 naves y 30.000 soldados de Inglaterra, Lezo ideó una
brillante estrategia defensiva. Hundió sus propios buques para bloquear la bahía,
ordenó cavar fosos estratégicos y resistió atrincherado en el castillo de San
Felipe de Barajas.
Esta heroica resistencia infligió
a la marina inglesa una de sus mayores derrotas históricas, con más de 10.000
bajas y la retirada obligada de las tropas británicas. La victoria salvó las
posesiones españolas en América, frenó las operaciones enemigas y prolongó la
supremacía militar de España durante casi un siglo.
Blas de Lezo falleció meses
después de la batalla como consecuencia de las infecciones producidas en las
heridas recibidas en la defensa de la plaza. Aunque murió el 7 de septiembre de 1741, sabemos de su estancia en
la ciudad gaditana por un poder
notarial que otorgó en Cádiz el 30 de agosto de 1733, siendo ya jefe de escuadra de su majestad
el rey. Un año más tarde
partiría para América como comandante general de Cartagena de Indias. Por aquel entonces, Cádiz ya era la cabecera
de la Flota de Indias, lo que explica su estancia en la ciudad.
José Antonio
Barberá Briones, nació en Chiclana de la Frontera (Cádiz) en 1964.
Estudió en el Colegio “La Salle” y el I.E.S. “García Gutiérrez” (ambos en
Chiclana), pasando luego al Colegio Salesiano Nuestras Señora del Carmen en
Utrera (Sevilla) y en el Liceo Sagrado Corazón de San Fernando (Cádiz).
Comenzó su aprendizaje artístico en el
Taller-Escuela “La Tacita”, en 1981 bajo la tutela del ceramista internacional
José Luis Aragón, donde aprendió técnicas fundamentales como el manejo de
torno, hornos y esmaltes.
En 1986, ingresó en la Ecole Nationale
Supérieure des Arts Appliqués et des Métiers d´Arts (ENSAAMA) en París.
Allí se adentró en el diseño y centró su atención en el estudio anatómico del
cuerpo humano a través del dibujo y la escultura.
Su
estilo se inserta en la tradición
realista y figurativa: Su obra se enmarca firmemente en la estela del
realismo y la autenticidad, recuperando el sentido clásico de la técné,
concebida como entendimiento, como conocimiento personal que permite
transformar la realidad en arte.
Se trata de un monumento público
conmemorativo. La tipología escultórica es una estatua de cuerpo entero sobre
un pedestal. La representación se aleja de la clásica pose estática para
adoptar una postura dinámica y narrativa.
El estilo de la obra se inscribe
dentro de un realismo conmemorativo de corte tradicional. El escultor ha
buscado la fidelidad histórica en la indumentaria y los rasgos físicos, al
tiempo que dota a la figura de una dramaticidad teatral, típica de la escultura
barroca, pero adaptada a un contexto más moderno, buscando su comprensión y la
exaltación heroica.
Realizada en bronce y fundida a la cera perdida, el
material y la técnica permiten
un gran nivel de detalle en las texturas de la ropa y la piel.
La estatua representa a Blas de
Lezo en pie, de cuerpo entero. La composición se articula en torno a un eje
diagonal marcado por el brazo izquierdo levantado, que sostiene una espada en
alto con decisión, rompiendo la verticalidad de la figura y proporcionándole sensación de
movimiento. Esta acción no es solo un gesto de mando, sino una declaración de
desafío y victoria. La pierna izquierda está ligeramente adelantada, lo que
rompe la simetría y aporta movimiento y equilibrio a la figura. La mano
derecha, cuya movilidad había perdido en otro combate, se apoya en la cintura,
transmitiendo seguridad y autoridad. La mirada se dirige al frente, hacia el
horizonte.
Un elemento crucial y distintivo
de la composición es la pierna izquierda. Blas de Lezo aparece con una prótesis
de madera (pata de palo) en lugar de su pierna natural, perdida en combate.
Este detalle es fundamental para la identidad del personaje y añade una capa de
verismo y sacrificio a la representación heroica. Se muestra sin tapujos, integrado
en la figura.
No se trata, por tanto, de una
figura concebida como un simple retrato estático, sino de una imagen narrativa que intenta representar al personaje
en actitud de mando, combate o arenga.
Viste el uniforme de un oficial
de la Armada española del siglo XVIII: casaca larga con amplios puños vueltos,
chupa, calzones hasta la rodilla y la característica peluca rizada de la época.
Los detalles de los bordados en la casaca, los puños y el cinturón están
cuidadosamente tratados con un modelado bastante preciso y contribuyen a dotar
a la superficie de una gran riqueza visual. Al mismo tiempo, permiten reconocer
inmediatamente la condición militar del personaje. El contraste entre las zonas
lisas y las áreas profusamente decoradas de la vestimenta evita que la
escultura resulte visualmente monótona.
El rostro y, sobre todo, el gesto
del brazo armado constituyen los principales elementos expresivos. La cabeza se
integra en la dirección ascendente de la composición y la mirada parece
acompañar la acción del personaje. El lenguaje corporal transmite autoridad,
determinación y energía. No se busca aquí una introspección psicológica
especialmente compleja, sino la construcción de una imagen pública del héroe
militar, respondiendo plenamente a la tradición del monumento histórico
conmemorativo, en la que el personaje es presentado mediante atributos que
permiten condensar visualmente su personalidad y su significación histórica.
El escultor ha optado por una
representación naturalista, aunque deliberadamente idealizada. El rostro
presenta una expresión intensa y concentrada, con una caracterización
suficientemente marcada para individualizar al personaje. La anatomía queda
parcialmente oculta por la indumentaria militar, pero se percibe un estudio
cuidadoso de las proporciones corporales. Es particularmente significativo el
tratamiento de las piernas y la posición de los pies, que contribuyen a crear
la sensación de estabilidad necesaria para una figura que realiza un gesto tan
amplio. La ausencia de una representación excesivamente teatral del movimiento
hace que la escultura conserve una cierta solemnidad monumental.
El monumento a Blas de Lezo es, pues, una escultura figurativa de
carácter histórico-conmemorativo, de lenguaje realista y ciertamente idealizada, en la que el escultor utiliza el
movimiento, la diagonal, el detalle de la indumentaria y la expresividad
gestual para transformar el retrato del marino y militar en una imagen heroica
y monumental.
El pedestal, que da mayor visibilidad y solemnidad
a la figura, está aplacado con
piedra ostionera artificial de color ocre, que aporta calidez al conjunto. Es
de forma paralelepipédica, sobrio y macizo, y tiene un cuerpo superior, del mismo material, sobre el que se
apoya la figura.
En sus caras presenta placas rectangulares de
mármol blanco pulido, que contrastan
con la textura rugosa y mate de la falsa piedra ostionera. Las placas del frontal y posterior contienen inscripciones conmemorativas
grabadas en versales pintadas en negro, dedicadas a Blas de Lezo y a la gesta
de Cartagena de Indias. Las de las caras laterales permanecen lisas y sin
inscripciones.
La base del pedestal se asienta
sobre una plataforma troncopiramidal
aplacada con la misma piedra, que a su vez se integra en el pavimento de losas
de piedra de la plaza.
En el frontal aparece la
inscripción identificativa, con el nombre del homenajeado, la cronología de su
vida y las supuestas últimas
palabras de despedida que Blas de Lezo pronunció
en su lecho de muerte:
«...DILE A MIS HIJOS QUE MORÍ
COMO UN BUEN VASCO AMANDO Y DEFENDIENDO LA INTEGRIDAD DE ESPAÑA Y DEL IMPERIO,
GRACIAS POR TODO LO QUE ME HAS DADO MUJER (...) ¡FUEGO! ¡FUEGO! ¡FUEGO!»
Esta frase proviene de la novela
biográfica e historiográfica sobre el marino escrita por el autor Pablo
Victoria (en obras como El
día que Blas de Lezo venció a Inglaterra o su monografía Don Blas de
Lezo), publicada a comienzos de los años 2000. Sin embargo,
se trata de una cita apócrifa o una leyenda romántica que ha quedado como un lema popular muy difundido, incluso en
actos institucionales.
En la parte posterior del pedestal
se encuentra la leyenda
conmemorativa, en la que se hace
referencia a que el militar partió de Cádiz en febrero de 1737 para defender Cartagena de Indias. El texto indica
la desproporción de fuerzas en la batalla naval y cómo el triunfo se fundamentó en la inteligencia estratégica, la
organización, la disciplina, el pundonor y el uso racional de sus escasos
recursos frente a la prepotencia y desmesura de la ambición imperial británica.
En Inglaterra se habían acuñado medallas conmemorativas anticipando su victoria
y la humillación de los hispanos, pero la aplastante derrota sufrida hizo que
el rey de Inglaterra prohibiera hablar de dicha batalla bajo pena de muerte.
Actualmente la efigie y su basamento acusan
diversos deterioros que hacen imperativa una intervención de restauración. Es necesaria la reintegración
volumétrica y la reconstrucción
de la hoja del sable. En el pedestal, es necesaria, además de la reparación de
sus fracturas y esquinas perdidas, la sustitución de los 16 embellecedores de
bronce con los que cuenta la estructura, así como la recuperación y
reintegración de la pintura de relleno de los epígrafes dedicatorios y su
correcta rotulación, hoy casi ilegibles.
DOCUMENTACIÓN:
Andalucía Información. (2021, 24 de
agosto). 'Recorrido' de José Antonio Barberá ya se puede ver en la web de la
Fundación Vipren. https://www.andaluciainformacion.es/articulo/chiclana/recorrido-de-jose-antonio-barbera-ya-se-puede-ver-en-la-web-de-la-fundacion-vipren/202108241422122424910.html
Ayuntamiento de Chiclana. (2019, 10 de
julio). José Antonio Barberá Briones recibirá este año el Premio Capacha
2019. Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera. https://www.chiclana.es/noticias/detalle-noticia/jose-antonio-barbera-briones-recibira-este-ano-el-premio-capacha-2019
Barberá Briones, J. A. (2021). Inicio
[Sitio web oficial del escultor]. http://www.escultorbarbera.com/www.escultorbarbera.com/Inicio_-.html
El Periódico de
Chiclana. (2019, 18 de julio). José Antonio Barberá. https://elperiodicodechiclana.com/jose-antonio-barbera/
Fernández Amil, I. (2024, 17 de julio).
Blas de Lezo, el mutilado héroe español que humilló a un imperio: con 6 barcos
y 3.000 hombres venció a 30.000 ingleses y 186 naves. El Español. https://www.elespanol.com/historia/20240717/blas-lezo-mutilado-heroe-espanol-humillo-imperio-barcos-hombres-vencio-ingleses-naves/871162928_0.html
Copyright Manuel Holgado García, 2026.09.25
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