EL ORATORIO DE LA SANTA CUEVA IV: LA CAPILLA EUCARÍSTICA, segunda parte, CÁDIZ

 EL ORATORIO DE LA SANTA CUEVA IV: LA CAPILLA EUCARÍSTICA, segunda parte, CÁDIZ

Continúo en esta cuarta entrada con el recorrido por el Oratorio de la Santa Cueva. En este caso me centraré en la decoración escultórica y pictórica de la Capilla Eucarística.

La Santa Cueva no es solo un monumental e impresionante conjunto artístico; es la reafirmación de la espiritualidad jesuítica y la contrarreforma frente a la Ilustración jansenista. Es el "espléndido canto del cisne" del Antiguo Régimen en una ciudad que pronto abriría las puertas a la modernidad liberal.

Los textos son en su mayor parte la compilación de post, publicados en la red X entre el 2 y el 16 de mayo de 2026, con el hashtag #DiariadeCádiz.

ESCULTURAS Y RELIEVES

En la capilla alta de la Santa Cueva, tanto las tallas de los ángeles en oración que flanquean el tabernáculo como el resto de las esculturas —todas ellas de yeso o madera estucada y pintadas a imitación del mármol blanco— buscan una estética más academicista y fría.




Todas estas esculturas fueron realizadas por Cosme Velázquez, escultor de origen riojano, aunque formado en la Corte con el escultor francés Robert Michel y quien ejerció la docencia en la academia gaditana. Su estilo es peculiar, ya que entremezcla las formas clásicas con otras de origen rococó.


Además de los ángeles del sagrario, hay otros distribuidos por cornisas y guardapolvos, y dos grandes altorrelieves en el eje menor de la elipse que representan escenas de inspiración eucarística: la Comunión de San Luis Gonzaga y la Comunión de San Estanislao de Kostka.



En el lado de la Epístola, el altorrelieve está dedicado a San Estanislao de Kostka. La obra está enmarcada por dos poderosas citas bíblicas; arriba: "Quien coma de este pan vivirá eternamente" (Juan 6, 58), y bajo el altar: "Vinieron los ángeles y le servían" (Mateo 4, 11). 

La obra narra un momento místico clave: el jesuita polaco, en su viaje hacia Roma, recibe la sagrada comunión de manos de un ángel. Pero la composición no se queda en lo terrenal: sobre él se abre un rompimiento de gloria donde la Virgen y el Niño Jesús aparecen rodeados de ángeles, escoltados por San Lorenzo y Santa Bárbara. Lo que hace especiales a estos relieves es su impecable factura clásica.

El modelado de las figuras, el detalle minucioso en el tratamiento de las cabelleras y la caída naturalista de los pliegues demuestran el virtuosismo de Velázquez. Es una pieza donde la técnica académica se encuentra con la profunda devoción jesuita.


En el lado del Evangelio, otro altorrelieve representa un encuentro histórico de santidad: el joven san Luis Gonzaga recibiendo su primera comunión de manos de san Carlos Borromeo.


La escena se corona con dos inscripciones latinas cargadas de simbolismo. Bajo el altar, "Por vuestra salud, os ruego que comáis" (Hch 27, 34), y sobre el arco, "Comerás y serás dichoso y feliz" (Sal 127, 2).


La magnitud de la obra es impresionante: cuenta con diez figuras de tamaño natural magistralmente dispuestas en el plano terrenal. En él, vemos al adolescente príncipe de Mantua acercándose con humildad al altar, mientras su familia observa el solemne momento.


Es un despliegue escénico que equilibra perfectamente la emoción humana con la liturgia; el relieve se eleva hacia lo sobrenatural en su parte superior: en el espacio celestial, la Virgen María aparece rodeada de ángeles.


Mientras el propio san Luis Gonzaga se muestra ya con el hábito de novicio jesuita, arrodillado en gloria; una pieza excepcional donde el estuco blanco resalta la pureza y el clasicismo de la composición de Velázquez.

PINTURAS

En el rico programa pictórico de la capilla alta, hay que destacar el retrato de don José Sáenz de Santamaría, marqués de Valde-Íñigo, pintado por el alemán afincado en Cádiz Franz Riedmayer; esta obra se encuentra sobre el sagrario y está sostenida por dos ángeles.


0. La ubicación en la capilla eucarística de este óleo sobre lienzo, de contorno oval, no es casual. Una vidriera rectangular sobre la puerta de acceso a la misma permite su observación desde el vestíbulo y anuncia la importancia y grandeza del recinto.


Sobre las puertas situadas a ambos lados de la cámara del presbiterio cuelgan dos tondos: uno, copia del «Buen Pastor niño» de Murillo, y otro de la Virgen con el Niño, obra del pintor sevillano Juan de Campaña.



En los cinco lunetos de la Capilla Eucarística de la Santa Cueva se conforma un rico conjunto pictórico. Mientras que las tres pintadas por Goya destacan por su vivacidad y espontaneidad, anticipando la modernidad pictórica.

Arcadas de la capilla alta, con pinturas, foto tomada de Antón Sole, op. cit. p,. 9

Las otras dos pinturas se encuadran dentro del gusto y estilo neoclásico, por lo que presentan una cierta "frialdad" compositiva y técnica.

Recogida del maná, de José Camarón Díaz.
Multiplicación de los panes y los peces de Francisco de Goya.
Estas otras obras presentan escenas que tradicionalmente se consideran "anuncios" de la comunión. Así ocurre con La recogida del maná (José Camarón), que representa el alimento que Dios envió del cielo al pueblo de Israel en el desierto, símbolo del "pan de vida".


Asimismo, en Las bodas de Caná (de Zacarías González Velázquez), se muestra el primer milagro de Jesús, donde convierte el agua en vino, vinculándolo con la sangre de Cristo en la eucaristía.


Bodas de Caná, foto tomada de Antón Sole, op. cit. p. 18.

Es probable que Goya mantuviera un diálogo artístico con sus compañeros de la Academia al conocer sus bocetos o ideas para estas pinturas (de la capilla eucarística de la Santa Cueva), lo que le animó a finalizar sus tres lienzos. Los tres lienzos realizados por Goya (1795-1796) representan una etapa de plena madurez artística, marcada por su convalecencia en Cádiz tras la grave enfermedad sufrida en 1792. La presencia de Francisco de Goya en Cádiz está atestiguada en dos momentos. En el primero, se alojó con su amigo Sebastián Martínez (a quien retrató en una obra que hoy se encuentra en el MET de Nueva York). Se cree que esta amistad fue el puente con el padre Santa María para el encargo de las pinturas en 1792. Tras la inauguración del oratorio en 1796, Goya incluso llegó a tener casa propia en Cádiz antes de ser invitado por la duquesa de Alba a Sanlúcar.


De las tres obras de Goya, La Santa Cena es la pieza clave
(147 x 334 cm). Esta obra destaca por su disposición arqueológica en triclinio (con los apóstoles reclinados en el suelo a la manera antigua).


La composición y estructura de esta la obra sigue una corriente de pintura francesa de influencia jansenista que buscaba la verdad histórica del Evangelio.

Detalle de la Santa Cena, foto tomada de Antón Solé, op. cit. p.24

Un detalle muy específico es que Jesús no sostiene una copa tradicional, sino un “kylix” griego, reforzando esa búsqueda de rigor histórico frente a la tradición barroca.  Esta obra es el eje iconográfico de todo el programa y una representación totalmente original del pasaje evangélico.

Detalle Cristo, Santa Cena, foto tomada de Antón Solé, p.24

La multiplicación de los panes y los peces (140 x 340 cm) está organizada en grupos dinámicos que equilibran la figura de Cristo con el realismo popular de la multitud hambrienta.


La parábola del invitado a la boda (140 x 340 cm), también referida como El convite nupcial o La parábola del hijo del rey, simboliza la preparación espiritual mediante la expulsión del invitado sin traje de gala.


Al restaurarse estas obras en el taller de restauración del Museo del Prado, se descubrió que los lienzos de Goya no encajaban perfectamente en los arcos; además, parte de la pintura estaba doblada en los bastidores, lo que sugiere que fueron las primeras en enviarse desde Madrid.

Santa Cena . Foto de José Manuel Puyana González
Es posible, quizá, que el marqués de Valde-Íñigo, al ver la excesiva "libertad" y el carácter jansenista o arqueológico de las obras de Goya, decidiera encargar los dos restantes a pintores más tradicionales para asegurar que el mensaje fuera más "correcto" y académico.

Parábola del invitado a la boda, foto tomada de Antón Solé,  op.cit. p.20.
Multiplicación de los panes y los peces, foto tomada de Antón Solé,  op.cit. p. 22.

Goya abandona las composiciones rígidas para adaptarse a la curva del luneto con naturalidad, rompiendo con el academicismo. En estos lienzos ya se aprecian rasgos que desarrollaría años más tarde en sus famosas "pinturas negras", con pinceladas sueltas y una fuerte expresividad.

Detalle multiplicación de los panes y los peces, foto tomada de Antón Solé,  op.cit.  p. 22. 

Goya utiliza la luz cenital del Oratorio para dar volumen, mostrando una transición hacia un estilo más libre y expresivo. Se aleja así del neoclasicismo imperante en la obra de sus colegas para buscar una mayor profundidad emocional, creando un efecto dramático que invita a la meditación.


Originalmente, la bóveda de la capilla eucarística de la Santa Cueva era lisa y carecía de ornamentación cuando Francisco de Goya pintó sus lienzos, a finales del siglo XVIII.

Reproducción de la ilustración del Oratorio de Arriba. foto tomada de J.J. González en "Nomenclator de las calles de Cádiz y explicación del significado de cada uno de sus nombres" M. de la Escalera. Cádiz, Boletín del Comercio. 1850.

Fue en 1896, con motivo del primer centenario del recinto, cuando se llevó a cabo la intervención más destacada en este espacio: la decoración de la bóveda con pinturas murales a cargo del pintor Antonio Cavallini.

Bóveda de A. Cavallini, foto tomada de Antón Solé, foto tomada de Antón Solé,  op.cit. p. 15

La obra de Cavallini supuso una ruptura con el concepto original del templo. Su estilo, más cercano a los «resortes isabelinos», contradice el resto del edificio y no corresponde al programa iconográfico diseñado inicialmente por el marqués de Valde-Íñigo.


El autor empleó la técnica del trampantojo (o trompe-l'œil), creando una ilusión de realismo visual que simula yeserías, relieves, esculturas y elementos arquitectónicos que no existen físicamente sobre la superficie plana.


En cuanto a su contenido, la cúpula despliega un complejo programa narrativo que incluye escenas del Antiguo Testamento, como Adán y Eva en el paraíso, y del Nuevo Testamento, donde destaca el Bautismo. Además, se representan diversos santos y personajes bíblicos inscritos en óvalos o tondos.


Detalle de la bóveda antes de la restauración, fuente: Fundación Santa María la Real, foto tomada de Fdez. Pujol, op. cit.

Dada su relevancia, durante la restauración integral del conjunto monumental entre 1998 y 2001, la Fundación Santa María la Real se encargó de intervenir estas pinturas murales. Esta labor devolvió la unidad visual a la cúpula sin recrear los elementos figurativos que se habían perdido con el tiempo.


Detalle de la bóveda tras la restauración.


La «bóveda de Cavallini» constituye un añadido decimonónico que, aunque posterior a la arquitectura de Torcuato Cayón y Benjumeda y a la obra de Goya, define hoy la imagen suntuosa del oratorio alto.


La bóveda de cuarto de esfera que cubre el espacio del presbiterio, donde se encuentra el templete o tabernáculo, parece ser también obra de Antonio Cavallini o, al menos, se atribuye a su época de intervención (finales del siglo XIX).


En sintonía con el resto de la decoración pictórica de la gran cúpula elíptica, se trata de unos frescos policromos en los que se representan diversas escenas relacionadas con la Eucaristía.


En el plemento central, dos ángeles adoran el cordero místico, echado sobre el libro de los siete sellos, sobre él se sitúa la custodia con el Santísimo. Bajo la escena la leyenda: «AGNUS DEI ECCE QUI TOLLIT PECCATA MUNDI».  "HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS, QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO". En una referencia directa a la Eucaristía y al sacrificio de Cristo.


En el plemento del lado del evangelio, de la bóveda del presbiterio de la Santa Cueva, se representa la escena de la impartición de la comunión, con la leyenda «CORPUS DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI CUSTODIAT ANIMAM TUAM IN VITAM AETERNAM. AMEN».  "EL CUERPO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO GUARDE TU ALMA PARA LA VIDA ETERNA. AMÉN". que era la fórmula tradicional que empleaba el sacerdote al distribuir la comunión en el rito romano, reforzando el carácter eucarístico de la capilla.


En el plemento del lado de la epístola, se representa el pasaje bíblico del Nuevo Testamento relativo a la curación del criado del centurión. Jesucristo de pie frente a un centurión romano arrodillado le pide a Jesús que sane a su criado.  El centurión se considera indigno de que el Maestro entre en su casa. Bajo la escena, reza la leyenda: «DOMINE NON SUM DIGNUS UT INTRES SUB TECTUM MEUM» («Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo»). Este pasaje, recogido en San Mateo 8:5-17, forma parte de la oración eucarística previa a la Comunión.


En el pasillo de acceso a la sacristía de la Capilla Alta de la Santa Cueva se encuentra un óleo sobre lienzo con la representación de la Virgen de Guadalupe de gran tamaño.

Virgen de Guadalupe, foto tomada de Antón Solé,  op.cit.  p. 29.

Fue realizada por el artista novohispano Antonio de Torres, uno de los pintores más destacados en la difusión de la iconografía guadalupana. Esta obra sigue fielmente los cánones iconográficos establecidos por el Original del Tepeyac. Se vincula directamente con los elementos simbólicos tradicionales de esta devoción: la mandorla o resplandor que rodea a la Virgen, su manto estrellado, la túnica rosada con roleos y el ceñidor negro a la altura del vientre. Estos indican, en la simbología guadalupana, su estado de embarazo o maternidad divina. Se representa  a María con las manos juntas en actitud de oración y la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, con una expresión de humildad y serenidad. La luna y el ángel a sus pies sirven de nexo entre el mundo terrenal y el celestial.

La presencia de este lienzo, que perteneció a su oratorio privado y que fue traído de México por el padre de D. José Sáenz de Santa María, se enlaza con la importancia de las devociones marianas de origen americano en el arte del siglo XVIII y su relación con Cádiz.

En la sacristía de la capilla alta se ubica el óleo sobre lienzo con la representación de la "Virgen del refugio", realizado en 1796 por Franz Xavier Riedmayer. Esta obra estuvo situada en el altar callejero, en el centro del primer cuerpo de la fachada del Oratorio.


La obra sigue una estética de tradición murillesca y recupera la tradición medieval de la Virgen de la misericordia (una devoción propiciada también por la Compañía de Jesús), representada con un manto que cobija a diversos personajes. Los personajes bajo el manto reflejan los tres estados o estamentos del antiguo régimen en el Cádiz de la época, subrayando el papel de María como Mediadora universal. En la zona inferior del lienzo se incluye una "vanitas". En ella, los atributos de las dignidades civiles y religiosas aparecen despreciados para enfatizar su carácter fatuo y perecedero, vinculando la obra con la tradición del barroco español.


La estructura de la obra conforma una pirámide teológica: en la cúspide, la Santísima Trinidad (fuente de luz); en el cuerpo, la Virgen del refugio con el manto de la misericordia (la mediadora); y en la base, la sociedad estratificada del antiguo régimen (bajo el manto) y la "vanitas".

La obra utiliza un claroscuro suave pero efectivo. La luz emana poderosamente de la Santísima Trinidad, iluminando la figura de la Virgen desde arriba y creando un halo radiante. El primer plano, donde están los personajes terrenales y la "vanitas", está en una penumbra que acentúa la necesidad de la luz divina.


Se percibe un movimiento ascendente en la mirada de los orantes y en las manos levantadas de los hombres del primer plano, lo cual contrasta con el movimiento descendente de la luz de la Trinidad y la caída del manto de la Virgen. Este último se interpreta como una cascada de gracia que llega hasta los más marginados.


En el lienzo, bajo el manto protector, se encuentran retratados varios miembros que formaban parte de la Cofradía de la Madre Antigua, compuesta por hombres disciplinantes, el número junto a la figura identifica al personaje:  1 - Prior de los Capuchinos de Cádiz. 2 - Conde de Villamar. 3 - Miguel Veyens: Canónigo Lector que sería de la Catedral de Cádiz; aparece representado como un niño de nueve años en primer término postrado. 4 - Juan Bautista Ustáriz: Conde de Reparaz y Marqués de Ustáriz. 5 - Obispo Antonio Martínez de la Plaza. 6 - Padre Teodomiro Díaz de la Vega: Prepósito de San Felipe Neri en Sevilla.


DOCUMENTACIÓN:

Alonso de la Sierra Fernández, J. (1997). Goya y la Santa Cueva (pp. 19-28). CEP Cádiz.

Alonso de la Sierra, J. y Alonso de la Sierra, L. (2021). Iglesias de la diócesis de Cádiz y Ceuta (pp. 220-227). Obispado de Cádiz y Ceuta.

Alonso de la Sierra, L. (13 de junio de 2017). ‘El Oratorio Eucarístico de la Santa Cueva de Cádiz’ [Conferencia]. ISLAPASIÓN, YouTube. http://www.youtube.com/watch?v=b_ngSrRrD8c

Alonso de la Sierra, L. (2005). Guía artística de Cádiz y su provincia (Tomo I) (pp. 102-108). Diputación Provincial de Cádiz; Fundación José Manuel Lara.

Antón Solé, P. (1984). Un testimonio artístico y religioso de la burguesía gaditana: La Santa Cueva. Anales de la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Cádiz, (2), 84-90.

Antón Solé, P. (1988). Iglesias de Cádiz. En Enciclopedia gráfica gaditana (pp. 94-96). Caja de Ahorros de Cádiz.

Antón Solé, P. (1996). La Santa Cueva de Cádiz. Caja San Fernando Sevilla y Jerez.

Fernández Pujol, J. I. (21 de enero de 2026). Conferencia CONJUNTO MONUMENTAL DE LA SANTA CUEVA E IGLESIA DEL ROSARIO DE CADIZ [Vídeo]. YouTube. Colegio Oficial de Arquitectos de Cádiz. https://www.youtube.com/watch?v=RZj0xuV0_LM

Romero de Torres, E. (1934). Catálogo monumental de España: Provincia de Cádiz (1907-1909) (Vol. 2). Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

 

Copyright Manuel Holgado García 2026.05.16

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