FUENTE Y ESCULTURA DE LUCIO CORNELIO BALBO, EL MENOR, CÁDIZ
FUENTE Y ESCULTURA DE LUCIO CORNELIO BALBO, EL MENOR, CÁDIZ
La fuente se
encuentra situada en la rotonda en la que confluyen las calles Concepción
Arenal, Alcalde Manuel de la Pinta y Murallas de San Roque, erigida en 1998 por
el Ayuntamiento de Cádiz, en su centro se colocó la estatua de Lucio Cornelio
Balbo el Menor: La fuente de vaso circular de mamposteria enlucida con cemento,
de unos 9 m. de diámetro.
En 1816, con motivo de los festejos organizados para celebrar la
llegada a la ciudad de la reina María Isabel de Braganza y su hermana la
infanta María Francisca, encargo dos estatuas para el ornato urbano efímero, al
artista José Fernández Guerrero, que entonces tenía 68 años, en concreto una
representaba a Balbo el Menor y otra a Columela, que fueron colocadas en la
balaustrada de la casa consistorial, flanqueando una decoración con pabellones
de damasco y colgaduras de terciopelo, por las que el artista percibió 8800
reales. Ambas esculturas de gran tamaño, fueron el realizadas en escayola.
Balbo el Menor nació en el 72 a. C. en Gades. Pertenecía a una rica familia de origen púnico/fenicio
radicada desde antiguo en Gadir, enriquecida gracias al comercio marítimo. Era
hijo de Publio Balbo y sobrino de Lucio Cornelio Balbo «el Mayor», quien lo
introdujo en los círculos del poder político en Roma, e ingresó en el círculo de confianza de Julio César y,
posteriormente, del de Augusto.
Se distinguió en las campañas
cesarianas de Egipto, Oriente, África e Hispania, desempeñándose como cuestor
de la Hispania Ulterior en el año 44 a. C. y luego como quattuorviro y propretor;
posteriormente ingresó en el Senado y
fue nombrado procónsul de África.
En el año 19 a. C. obtuvo una
gran victoria militar sobre los garamantes
y volvió a Roma con un gran
botín, por la que celebró un
triunfo romano. Esto lo convirtió en el primer ciudadano nacido fuera de Italia
en obtener tal honor.
Concibió y promovió el proyecto de construir en
Gades, una ciudad nueva, Neapolis, para ensanchar la antigua —que se había
quedado reducida ante el elevado número de habitantes— y adaptar la imagen de
la ciudad a los modelos urbanos romanos. Se levantó ensanchando la población
existente sin destruirla, extendiéndose hacia zonas como el actual barrio de
Santa María. La unión de la ciudad antigua y la nueva pasó a formar la conocida
como ciudad Doble. Fue dotada de
los espacios, edificios y servicios públicos propios de una urbe romana
(calles, viviendas, foro, basílica, termas, templos, teatro, etc.)
A partir del año 19 a. C.
promovió la creación del Portus Gaditanus, situándolo en el actual casco
histórico de El Puerto de Santa María, además de ejecutar diversas obras de ingeniería hidráulica en el cauce del actual río Guadalete y de introducir mejoras en la Vía
Augusta. Diseñó un nuevo puerto
con las condiciones idóneas para responder al elevado
volumen de carga comercial, lo que lo
convirtió en uno de los centros exportadores e industriales
(especialmente del comercio de vino, salazones y garum) más importantes
del Mediterráneo.
Mandó construir en Roma un
importante teatro, el Theatrum Balbi,
en el 13 a. C., el cual se conectaba con la Crypta Balbi, un complejo de edificios anexos al
citado teatro. Escribió un
tratado sobre cuestiones religiosas llamado Exegeticon y una tragedia, Iter.
El autor de la escultura original fue José Fernández Guerrero, quien nació el 12 de marzo de 1748 en
Ubrique (Cádiz) y falleció en junio de 1826.
Aprendió las primeras letras en Cádiz e ingresó desde muy niño en el Colegio de Plateros de la misma ciudad. Fue fundador, en
1777, de la Escuela de Dibujo
(que, en 1785, por influencia del gobernador
militar, el conde de O’Reilly, se transformó en Escuela de Nobles Artes,
instalada donde hoy está el
Hospicio).
Además de desarrollar su creación artística, iniciada en el oficio de
platero y orfebre, fue profesor de dibujo
en la escuela del Colegio de Plateros gaditano,
así como en la Escuela de Dibujo, Aritmética y Geometría ubicada en el Hospicio.
Asimismo, fue teniente director
de la sección de Escultura en la Escuela de Tres Nobles Artes de Cádiz —dependiente de la Academia de Bellas Artes—
desde 1789, donde se mantuvo
ejerciendo como profesor de este ramo
hasta su fallecimiento.
Para desempeñar ese cargo, es
bastante seguro que se le exigiera ser al menos académico supernumerario de la
Real Academia de San Fernando.
Por eso (y, de paso, para ganar prestigio social y profesional), se matriculó
el 1 de septiembre de 1788 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
(RABASF) en Madrid, donde logró dicho
nombramiento el 9 de noviembre de ese mismo año. Posteriormente,
fue nombrado académico de mérito de la misma institución en 1819 (tras habérsele denegado previamente en
1790 y 1798). Para ello, contó
con el aval y apoyo de figuras influyentes de la época, como el pintor
Francisco de Goya y el ilustrado Juan Agustín Ceán Bermúdez.
En su lenguaje formal abandonó
todo resabio barroquista o rocalla para situarse dentro del neoclasicismo más
purista y ortodoxo, de factura correcta y severa, aunque de concepto un tanto
frío. En algunas obras de imaginería muestra renovadas influencias de Mengs y de la tradición
grecolatina.
Debido al gusto que causaron las
obras realizadas en 1816, y sin muchas razones más, en 1855 el Ayuntamiento de
Cádiz encargó a Juan de la Vega un monumento para honrar al ilustre gaditano
Balbo el Menor. Con un coste de 50.000 reales, el conjunto se ubicó en la plaza
de San Antonio. El monumento se componía de un pedestal de piedra caliza de
6,45 metros de alto con lápidas de mármol de Carrara, y una copia de la estatua
del procónsul de plomo y zinc modelada por José Fernández Guerrero.
En su frente principal incluye
una dedicatoria que ensalza sus logros como ciudadano romano, procónsul de
África y primer extranjero en triunfar en el Capitolio, esta era la leyenda
conmemorativa:
A LUCIO CORNELIO BALBO EL MENOR,
HIJO DE CÁDIZ,
CIUDADANO DE ROMA,
PROCÓNSUL DE AFRICA,
PRIMER EXTRANJERO QUE SUBIÓ EN TRIUNFO
AL CAPITOLIO,
RESTAURADOR DE SU PATRIA
A pesar de que el monumento fue criticado por los ciudadanos, especialmente por el diseño del pedestal, el alcalde Adolfo de Castro defendió firmemente la obra, destacando su esbeltez, sencillez y buen gusto, y comparándola con referentes europeos contemporáneos. No estuvo mucho tiempo, el monumento en la plaza de San Antonio, en las fotografías de la misma realizadas por Laurent y Cía en 1879, ya ha desaparecido, quizás esa ubicación no era compatible con la celebración de eventos públicos ciudadanos en esa plaza.
En 1998, el Ayuntamiento, presidido por Teófila
Martínez, encargó una copia en mármol de la escultura en yeso que se conserva
en el despacho de la alcaldía gaditana, y la recuperó como hito de estatuaria pública, colocándola cerca
del teatro romano.
La escultura de Balbo el Menor es
de bulto redondo —concebida para
ser vista desde cualquier ángulo, manteniendo su interés compositivo por los
cuatro costados—. De cuerpo
entero y de pie, tiene un carácter monumental y conmemorativo; su función pública e institucional tiene como objetivo honrar la memoria
del personaje histórico, sirviendo
además como elemento de identidad local y ornato urbano. Responde a la
estética del academicismo neoclásico aplicada a la estatuaria pública
monumental, concebida para presidir el espacio urbano. Elevada sobre un rotundo
pedestal troncopiramidal aplacado engranito
gris, se crea un contraste
matérico y cromático que realza la blancura de la figura y le proporciona una
base sólida y elevada, aislándola del nivel del suelo. La figura está pensada
para integrarse en la trama urbana y ser contemplada desde múltiples ángulos,
garantizando una presencia dominante.
La figura está tallada en mármol
blanco y se puede apreciar que
está compuesta por varios bloques unidos, algo común en obras de este tamaño.
La obra se encuadra en una estética de marcado carácter neoclásico y académico.
Recupera el lenguaje formal de la estatuaria de la Antigüedad helenística y del
Alto Imperio. No es una obra de la antigüedad
grecorromana, sino una recreación posterior (siglo XIX) que adopta el lenguaje
formal de la estatuaria clásica.
Funde la tradición del idealismo
clásico —que se percibe en el tratamiento idealizado del rostro y el peinado, los cuales recuerdan a la escultura
griega del periodo clásico o helenístico—
y la tradición romana. En esta
última, la vestimenta (la toga, dispuesta en profundos pliegues en
abanico sobre el pecho y cayendo en amplios mantos, que enfatiza su estatus como patricio romano) y la pose solemne de
auctoritas (autoridad) se
inspiran en las estatuas de los magistrados romanos, fusionando la imagen del
intelectual con la dignidad de un hombre de Estado.
La figura adopta una pose de contrapposto,
con el peso del cuerpo descansando sobre la pierna izquierda rígida, mientras
la derecha se flexiona levemente y retrocede, aportando naturalidad y
movimiento potencial. El eje central del cuerpo describe una suave curva
serpentinata en «S», típica de la estatuaria clásica, que rompe la rigidez de
la vertical. La solemnidad y el reposo del cuerpo contrastan con la dirección
de la mirada, vuelta hacia su derecha, y el brazo extendido en el mismo
sentido. Este gesto dialoga con
el pergamino que sostiene (el cual
simboliza su faceta civil e intelectual, la ley, la gestión pública y la cultura) y con la cabeza de carnero
situada en la base, junto a su pie izquierdo (en referencia simbólica a la
riqueza ganadera y a la pujante prosperidad de la Gades romana). El rostro y la
anatomía presentan un tratamiento idealizado que rehúye el realismo dramático
para centrarse en la serenidad, la contención y la dignidad propias del ethos clásico.
La figura posee una volumetría
potente y cerrada en su núcleo, pero se abre ligeramente mediante el brazo
derecho extendido que sostiene el pergamino, el cual genera una clara línea
horizontal proyectada hacia el exterior. En contraposición, el brazo izquierdo
descansa en jarra sobre la
cadera, cerrando el perfil por ese costado y creando una triangulación con el
torso. El contorno es sinuoso y complejo debido a los profundos pliegues de la
vestimenta, que generan un perfil quebrado y dinámico.
El pedestal, cuya textura áspera e
industrial contrasta intencionadamente con el modelado más pulido de la
escultura, presenta una distinción clara en el acabado: zonas lisas para la piel expuesta (rostro, brazos, pies)
frente al trabajo de hendiduras en el drapeado de la vestimenta. La luz natural
juega un papel clave al incidir de forma directa sobre la blancura del
material, creando zonas de sombra profunda en los huecos de las telas.
La cabeza se gira levemente hacia
su izquierda siguiendo la dirección que apunta el brazo extendido. Su mirada es
distante y firme, transmitiendo solemnidad, capacidad de mando y liderazgo
político-militar. Completa el conjunto monumental un prisma trapezoidal en
forma de atril pétreo, con la misma
inscripción en versales que la que en
su momento conformaba la leyenda de la lápida situada en el frontal del
pedestal del monumento que hubo en la plaza de San Antonio.
DOCUMENTACIÓN:
Cirici
Narváez, J. R. (1982). Arquitectura isabelina en Cádiz (1833-1868).
Ayuntamiento de Cádiz.
Ferreiro
López, M. (2008). Cádiz en el tiempo de César y los Balbo. La ordenación
territorial en la Bahía de Cádiz a finales de la República Romana. Revista
Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social, 10,
309-324.
Garófano,
R. (2024). Historia ilustrada de la fotografía en Cádiz (1840-1927).
Q-book.
J. M. G. V. (2025, 2 de abril). Vida y obra del
escultor y orfebre ubriqueño José Fernández Guerrero (1748-1826).
Triplenlace. https://triplenlace.com/2025/04/02/vida-y-obra-del-escultor-y-orfebre-ubriqueno-jose-fernandez-guerrero-1748-1826/
López
Amador, J. J. (26 de enero de 2014). 2.000. LUCIO CORNELIO BALBO ‘EL MENOR’.
Fundador del Portus Gaditanus, el actual El Puerto de Santa María (J. M.
Morillo, Ed.). Gente del Puerto. https://www.gentedelpuerto.com/2014/01/26/2-000-lucio-cornelio-balbo-el-menor-fundador-del-portus-gaditanus-el-actual-el-puerto-de-santa-maria/
Copyright Manuel Holgado García, 2026.08.14
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