RETRATO DE MICAELA DE ARAMBURU PICARDO, MUSEO DE CÁDIZ
RETRATO DE MICAELA DE ARAMBURU PICARDO, MUSEO DE CÁDIZ
El retrato de doña Micaela de Aramburu Picardo, realizado hacia 1928, se encuentra en el Museo de Cádiz desde 2003, gracias a la donación propiciada por sus hermanos doña María Luisa y don Álvaro de Aramburu y Picardo, siguiendo la voluntad de la retratada. Se trata de un óleo sobre lienzo, un retrato de gran formato de 200 cm x 120 cm.
Micaela de Aramburu Picardo nació en Cádiz en 1910 y falleció en
el año 2003. Perteneció a una destacada familia de banqueros y a la burguesía
gaditana, caracterizada por ser culta, refinada y con una gran influencia anglo-francesa. Fue una persona representativa
de la sociedad gaditana del siglo XX. Sus padres fueron Francisco Aramburu Inda
y Micaela Picardo Gómez. Ella
era aficionada al arte, al igual que su padre. Al cumplir los 18 años, heredó
una importante suma de dinero de su madrina, Micaela Aramburu Fernández (esposa
del bodeguero José Moreno de Mora), siendo
ambos importantes benefactores de la sociedad gaditana.
Micaela quería que la retratase el pintor que más admiraba en su tiempo, Ignacio Zuloaga, pero él se encontraba en París y no aceptaba cualquier encargo. Zuloaga era entonces un artista consagrado de ámbito mundial; el costumbrismo expresionista de sus pinturas, en contraposición a la corriente impresionista, y sus retratos de los principales intelectuales de la España del 98 le habían consagrado. Tenía abundantes encargos, y los retratos de personajes de la alta sociedad y figuras mundanas ocupaban gran parte de su labor creativa.
Para lograrlo, la madre de Micaela contactó con la hermana de Manuel de Falla. Esta intercedió ante el músico para que, a su vez, Falla escribiera a Zuloaga recomendando a la joven. Inicialmente, Zuloaga pidió una foto de Micaela, pero la rechazó alegando que no captaba su esencia, por lo que le exigió viajar a París. Micaela, de carácter decidido, no tuvo problemas para viajar y pasó un mes en París posando para el cuadro y los bocetos previos. Durante esta estancia, trabó amistad con la esposa e hija de Zuloaga y siguió manteniendo correspondencia con el músico Manuel de Falla.
Zuloaga tenía pensado pintarla con Cádiz al fondo. Sin embargo, debido a que en esa época se criticaba a Zuloaga, afirmando que no sabía usar el azul, decidió pintarla de azul con el fondo azul. Al pintor le gustó tanto el resultado que quiso quedarse con la obra, pero Micaela no cedió. Posteriormente, cada vez que Zuloaga visitaba Cádiz, pasaba por la casa de los Aramburu para ver el cuadro.
Se trata de un retrato costumbrista y elegante. La composición es mayoritariamente vertical y centrada, dominada de cuerpo entero por la figura de Micaela, quien, con porte aristocrático, viste un traje de inspiración goyesca o de folclórica refinada. La figura, que se representa desde un punto de vista un tanto elevado, forma un eje central claro, pero rompe la rigidez mediante la postura en contrapposto de las piernas y, sobre todo, por la colocación de sus brazos en jarras (las manos apoyadas en las caderas). Esta pose de los brazos genera líneas diagonales que abren la silueta hacia los lados, aportando una actitud de orgullo, seguridad y elegancia. La ligera torsión del cuello, mirando hacia su derecha (nuestra izquierda), rompe la frontalidad y añade una dimensión narrativa o psicológica al retrato.
El foco principal de la luz
proviene de la parte superior izquierda del espectador. Impacta directamente en
el rostro, el cuello y el escote de la dama, convirtiendo su cabeza en el
principal punto de atención. En el vestido, la luz genera un juego rítmico de
luces y sombras en los pliegues de la falda abullonada y el corpiño,
otorgándole un volumen tridimensional soberbio. El fondo permanece en penumbra,
por lo que el cuerpo iluminado
parece emerger de una atmósfera oscura y densa.
El artista consigue diferenciar las diversas texturas: la ligereza y transparencia del encaje
de la mantilla sobre la cabeza y el brazo, la rigidez satinada o del tafetán de la tela del vestido
(con su drapeado rígido que refleja la luz) y la suavidad de la piel. El fondo
está trabajado con una pincelada suelta, pastosa y direccional, lo que genera
un contraste vibrante entre el estatismo de la figura bien definida y la
energía casi abstracta del espacio que la rodea
DOCUMENTACIÓN:
Ferreiro, M. Á. (17 de julio de 2020). La Historia
que nos cuenta un cuadro: “Micaela de Aramburu”. El Reto Histórico. https://elretohistorico.com/micaela-aramburu-zuloaga/
Museo de Cádiz. (s. f.). Incremento del patrimonio.
Museos de Andalucía; Junta de Andalucía. https://www.museosdeandalucia.es/web/museodecadiz/incremento-del-ph
Copyright Manuel Holgado García,
2026.08.05
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